A VUELTAS CON DESCARTES: ORIGEN

 

Implantando ideas.

¿Cuál es el parásito más resistente? ¿Una bacteria? ¿Un virus? ¿Una lombriz intestinal? Una idea. Resistente, muy contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla. Una idea totalmente formada y entendida se queda ahí.

Ya dijimos, a la hora de comentar El show de Truman, que la hipótesis del genio maligno en versión cinematográfica ha adoptado dos vestimentas claramente diferenciadas: por un lado se nos ha representado como un genio maligno que actúa paratéticamente, colándose en la mente de sus victimas para engañarles  y, del otro lado, se nos ha representado apotéticamente, actuando a  una escala más etológica, donde el engaño se asemeja más a la tela que teje la araña para atrapar a su victima. Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010) caería del lado del primer grupo.

Origen parte de la premisa freudiana de que los sueños son el portal de entrada al subconsciente y es la herramienta de la que se sirven Cobb y su equipo para extraer los secretos mejor guardados de sus victimas a través del sueño compartido. Como Cobb le explica a la nueva arquitecta, “tu creas el mundo del sueño, nosotros colocamos al sujeto en el sueño y él lo llena con su subconsciente”. Como vemos lo mismo son espías que podían haber sido psicoanalistas.

El éxito de su trabajo se fundamenta en la dificultad que tiene la victima para distinguir el sueño de la vigilia (“los sueños nos parecen reales mientras los tenemos, sólo cuando nos despertamos nos damos cuenta de que algo no cuadra”) por lo que en este punto la conexión con Descartes ya es evidente, al ser ese  el segundo supuesto sobre el que asentaba su duda metódica.

La trama de la película se centra en el nuevo encargo que reciben Cobb y sus colaboradores. Ahora no se trata ya de extraer información sino de implantarla (eso es a lo que refiere “origen”), dejarla alojada en el subconsciente de la victima para que crezca como una semilla y se apodere de su mente.  “Se necesita la visión más simple de una idea para que ésta se desarrolle de la forma mas natural en la mente del sujeto”. La victima es Robert Fisher, el heredero de una gran empresa energética al que deben inducir para que desmantele el imperio de su padre. Para ello disponen de las diez horas del vuelo Sidney-Los Ángeles, tiempo en el que se desarrollará el “sueño compartido”.  Hay que tener en cuenta que según la película a cinco minutos reales le corresponde una hora en el sueño y teniendo en cuenta que establecen otros dos niveles más de sueños dentro del sueño es de suponer que disponen de tiempo más que suficiente. Como era de esperar , al tratarse de una película de acción, la cosa se complica y finalmente no les sobrará precisamente el tiempo.

Para que el engaño surta efecto es necesaria, en primer lugar, la participación del químico. Será el encargado de preparar el sedante adecuado para garantizar el sueño durante tantas horas y con tanta profundidad. En segundo lugar, es imprescindible la participación de la arquitecta que es quien tiene que decorar y dar verosimilitud a los sueños de Fisher. También se necesita un falsificador capaz de adoptar en los sueños diferentes personalidades con las que poder ´ganarse la confianza de la victima. Y, por último, tenemos la maquina que hace posible todo el invento, que conecta todos los sueños en un escenario común  Estos son los instrumentos de los que se sirve el genio maligno para envolver la conciencia de su presa.

En el comentario de El show de Truman dijimos que la versión paratética del genio maligno irremediablemente se vería abocada a presentar una visión reduccionista de la mente: o bien mentalista o bien fisicalista. Parece claro que en el caso de Origen nos encontramos con su vertiente mentalista, puesto que los que entran finalmente en juego son las propias proyecciones conscientes e inconscientes de los personajes. Las mentes se comunican e interactúan. Si de El show de Truman dijimos que presentaba una versión digerible de la hipótesis del genio maligno para los presupuestos del materialismo filosófico, no podemos decir lo mismo de Origen pues su versión idealista de la hipótesis la sitúa más bien en la orbita del mentalismo y el psicoanálisis. Se trata, en definitiva, del engaño propio de la hipnosis.

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