TEORÍAS DE LA CIENCIA A LA LUZ DE LOS NEUTRINOS

Desde que allá, por septiembre del año pasado, investigadores del CERN encontraran “evidencias experimentales” de que los neutrinos podían viajar a una velocidad superior a la de la luz hasta su fatal y decepcionante desenlace, hemos asistido a un periodo en el que la incontinencia especulativa ha sido la tónica general. Esto ha sido así hasta el punto de que, estas partículas subatómicas, han pasado de ser un concepto más o menos marginal dentro de la física de partículas a convertirse en trending topic de corrillos y tertulias.

La cuestión de fondo era que estos resultados experimentales entrarían en conflicto con  el supuesto básico de la teoría de la relatividad que defiende que ningún cuerpo puede viajar a una velocidad superlumínica. “Los neutrinos ponen en jaque la teoría de Albert Einstein”, “Golpe a la relatividad”, “¿El fin de la teoría de la relatividad?”… son algunos de los titulares con los que los medios recibieron la inquietante noticia. Hubo unos cuantos a los que, ante esta posibilidad, sólo les faltó aplaudir con las orejas y no porque se abriera paso a los viajes en el tiempo y a contactos con otras civilizaciones extraterrestres (ahí sólo aplaudía Iker Jiménez y sus colaboradores de Cuarto Milenio) sino porque este hallazgo parecía confirmar una creencia mucho más arraigada en nuestros días: la contingencia de las verdades científicas.

El hecho de plantear la cuestión en estos términos es ya indicativo de una determinada concepción acerca de lo que sea la ciencia. Una vez descubierto el fallo, los principales damnificados de todo este asunto no son ni los científicos del CERN ni, por supuesto, el bueno de Albert Einstein, sino las propias teorías de la ciencia que han servido de soporte para tanta especulación. La cuestión ahora es ver cuáles han sido estas teorías y en que medida se han visto afectadas.

En la búsqueda del culpable, la primera pista con la que nos encontramos es que, en todo momento, se ha planteado la cuestión como un supuesto conflicto entre una teoría por un lado, y unos hechos por el otro. De esta manera, teoría y  hechos seguirían cursos paralelos, cada uno con una realidad independiente. De las cuatro familias de teorías de la ciencia que distingue la Teoría del cierre categorial, tres asumen esta distinción por lo que sólo podemos exculpar hasta el momento al circularismo que, por definición, es “toda teoría de la ciencia que termine, no ya ignorando, sino negando la distinción hipostasiada entre la forma y la materia de las ciencias”.   Para el materialismo filósofico las teorías científicas no explican los hechos ni los describen sino que, en todo caso, se construyen con los hechos. Hechos y teorías podrán ser disociados pero en ningún caso distinguidas como entidades separadas. Es por esto por lo que no tendría sentido desde parámetros circularistas plantear la problemática de los neutrinos en los términos que se ha planteado. Entre otras cosas porque sólo con un alarde de imaginación se pueden considerar los neutrinos como hechos puros dados en la Naturaleza.

Cualquiera de las otras tres familias de teorías daría cobertura a esta polémica aunque los términos del conflicto fueran diferentes. Y esto es así porque las tres comparten la asunción de los hechos como realidades dadas al margen de las teorías, que serán descritos por estas (descripcionismo),  las falsaran o verificaran (teoreticismo) o, por el contrario, se adecuaran a ellas (adecuacionismo). Las diferencias entre unas y otras vendrán determinadas por el lugar en el que se coloque el acento de la verdad científica.

El descripcionismo coloca el acento en los hechos, “interpretando a todas aquellas cosas que puedan encontrarse asociadas al proceso científico (lenguaje, instituciones sociales, experimentos, manipulaciones con aparatos, libros, razonamientos, …) como formas que, más que contribuir a la conformación o constitución de la verdad científica (que se supone ya dada) estuvieran destinados en un principio, a titulo de métodos, a facilitar el acceso a las verdades manifestadas por las descripciones de los hechos o de los fenómenos”.  La verdad en este caso se nos presenta como aletheia, como desvelamiento de la realidad. En nuestro caso, a la física no le queda otra cosa que amoldarse a los hechos, y si los neutrinos fueran finalmente más rápidos que la luz se tendría que plegar a esta circunstancia. Son los hechos los que marcan el paso.

Para el teoreticismo, por el contrario,  la verdad científica caería del lado de la teoría, de la forma. Desde esta perspectiva verdad vendría a significar coherencia del corpus teórico. Pero “en la medida en que se suponga la posibilidad de sistemas coherentes que, sin embargo, no son científicos (incluso pueden ser metáfisicos) es evidente que el teoreticismo tendrá que volverse de algún modo a la materia. Este es el verdadero problema de fondo que, a nuestro juicio, se encierra tras el problema de la demarcación” En la versión más refinada del teoreticismo sería a través de la falsación como se establecen estos contactos con los hechos. Las verdades científicas se nos presentan, desde esta perspectiva, como provisionales pues tienen que poder ser falsadas para ser científicas. Ésta parece ser la concepción de la ciencia más seriamente comprometida por el caso de los neutrinos, que habrían venido a falsar la teoría de la relatividad que hasta la fecha se había mostrado solvente.

Por último, el adecuacionismo, que sitúa la verdad no en la forma ni en la materia, sino en la adecuación de forma y matería, sumaría las desventajas del teoreticismo a las del descripcionismo y en nuestro caso también supondría un rechazo a la teoría de la relatividad pues ya no encaja con la nueva realidad aportada por los neutrinos superlumínicos.

El problema no es, en este caso, si la verdad se coloca del lado de la teoría o del lado de los hechos porque en ambas situaciones el resultado es el mismo, el problema estriba en la propia distinción entre hechos y teorías que es la que posibilita semejantes falacias.

Por último, sería oportuno señalar que el principio por el cual la teoría de la relatividad mantiene constante la velocidad de la luz y que determina que ningun otro cuerpo pueda superar esa velocidad, no es en modo alguno una verdad contingente, que se encuentre aislada de otros postulados cientificos y que pudiera ser derribada manteniendo en pie el edificio. En este principio confluyen, por el contrario, tanto el principio de relatividad de Galileo como las ecuaciones de transformación de Lorenz o la propia ecuación relativista (e= mc2) entre otras. Con semejantes mimbres bien se puede hacer un cesto

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