DE LA LOTERÍA

Como todos los años, la suerte ha acudido puntual a su cita con la Navidad. Hace poco más de una semana hemos asistido a las oportunas celebraciones con las que los agraciados (en su mayor parte oscenses) reciben a la diosa Fortuna y, en unos días, la estampa navideña se repetirá con motivo del sorteo del Niño. La Navidad se va convirtiendo progresivamente en el periodo no lectivo que transcurre entre los dos grandes sorteos del año. El lema escogido para la campaña publicitaría de este año nos muestra de un modo explícito los nutrientes básicos de tan insigne institución: “Cada Navidad, tus sueños hacen posible la Lotería. Si sueñas, Loterías”. No se nos engaña diciendo que la Lotería hará realidad nuestros sueños, lo que se nos dice es que son precisamente nuestras ensoñaciones las que hacen posible la Lotería. En un momento como el actual, sueños son lo que nos sobra.

Sobre la irracionalidad de la Lotería y otros juegos de azar ya escribió Gustavo Bueno su sexta propuesta para el nuevo milenio hace ya más de 15 años. En este texto asumiremos lo que ahí decía Bueno y, aprovechando el tono del anuncio de este años, le incorporaremos alguna de las claves psicológicas que la sustentan.

Si se considera el reparto desigual de las riquezas como un mal social, no veo por qué, el hecho de que esa desigualdad nazca del azar, iba a tornarlo en un bien. Lo único que supone esto es una aleatorización del desigual reparto de riquezas. Quizás en el caso de la lotería esta irracionalidad cuesta un poco verla pues, en definitiva, tenemos un 0,015% de probabilidades de volvernos millonarios. Con otros ejemplos menos gratificantes esto se verá mucho más claro. No creo que nadie que sea contrario a la pena de muerte, la vería como algo positivo si se nos dijera que las ejecuciones iban a ser aleatorias. Parece pues, que en el caso de las riquezas, el problema no es tanto que exista desigualdad social, sino que lo que realmente nos molesta es que los ricos no seamos nosotros.

Pero la lotería es doblemente irracional, pues supone el caldo de cultivo perfecto para todo tipo de supersticiones que buscan atraer la suerte. Desde el que pasa el décimo por la chepa del vecino, hasta el que compra un número determinado porque ha tenido un pálpito, los días previos al sorteo parecen un festival de magia simpática.

Por otro lado, la Lotería se aprovecha de los mismos mecanismos psicológicos que soportan otras modalidades de juego como puedan ser las conocidas como “maquinas tragaperras”. Una vez que entras en la dinámica del juego es fácil entrar en una cadena de pensamientos de carácter contrafáctico (“y si…”) que te lleve a invertir una cantidad de dinero difícil de asumir por cualquier economía familiar. De esta manera el jugador patológico de lotería  la comprará en su trabajo (si lo tiene), en su lugar de vacaciones, en la gasolinera donde reposta el coche, en el bar donde para… no vaya a ser que toque ahí justo y no haya comprado lotería. Al igual que el que juega a la tragaperras sigue jugando, cada vez más compulsivamente, no vaya a ser que justo en la siguiente jugada la maquina dé el premio y se lo lleve el mirón que me ha estado observando todo el rato.

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2 respuestas a DE LA LOTERÍA

  1. Pingback: NÚMERO TREINTA Y DOS | EL PULIDOR DE CRISTALES

  2. Margarita dijo:

    Cada año soy más racional y tengo menos sueños. No he jugado a la Lotería. ¡Ah!…de todas formas esto debiera ser como las desgracias, que aunque no juegues, te tocan y muchas veces repites premio. Buen artículo

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