UNA REFLEXIÓN PERSONAL

Probablemente no haya nadie que no haya oído hablar de los recortes en educación y de los recortes de plantilla de los profesores, todo ello mezclado con la cuestión de fondo de la calidad de la enseñanza. Se recurre a la  solidaridad en un momento de crisis para justificar el aumento de horas del profesorado, y muchos lo “adornan” con la idea, bastante extendida, de que los profesores trabajan poco, tienen muchas vacaciones y cobran mucho. Visto así, poco más se puede decir.

Yo soy profesora, aunque quizá solo pueda decir que lo soy a medias, dado que acabo de empezar, y quizá sea más adecuado decir que trabajo como profesora. No hace mucho leí un libro en el que se subrayaba la diferencia entre ser algo y trabajar de algo, para enfatizar el cambio que se ha producido en la sociedad actual en el sentido de que las personas se identifican cada vez menos con las actividades productivas que realizan, dada la precariedad de los trabajos y la dificultad de mantenerse en uno (lo cual tampoco es una novedad), aunque sí hay algunos privilegiados que disfrutan con lo que hacen. Yo, ahora mismo, soy uno de ellos. Y digo ahora mismo, porque dentro de un mes ya no trabajaré como profesora o seré una profesora en paro, como ustedes prefieran. Como digo, yo disfruto con lo que hago; muchos compañeros, y quizá algún lector, pueden pensar que es porque llevo poco tiempo en esto y por eso tengo tanto entusiasmo. Es cierto que lo que yo disfrute o deje de disfrutar no le importa a nadie; esta entrada no pretende tener más valor que el de una opinión, la mía, nada más. Dicho esto y dejando claro que, desde luego, no me avala un larga experiencia, solo quiero decir que, desde que estoy trabajando en el instituto, no hay una tarde que no tenga trabajo para casa, ni un fin de semana en el que no tenga nada qué hacer. Además, dar clase, desde mi punto de vista, no es llegar a un aula, posar las cosas encima de la mesa y soltar un rollo a una gente que está en frente de ti. En las aulas, como todos sabemos, además del profesor están los alumnos, cada uno con sus dificultades, y no solo académicas, sino también personales. De esas dificultades los profesores tienen constancia o han de tenerla para que haya una retroalimentación en la clase. No es lo mismo dar Filosofía a un chico chino que apenas habla español, a un chico al que se la acaba de morir su mejor amigo, o a un chico del que sus padres pasan completamente. Lo que quiero decir con esto es que los profesores trabajan con personas, y ese trabajo con personas implica muchas cosas, aunque da la sensación de que no se tienen en cuenta a la hora de valorar la actividad docente y la dedicación y el compromiso que implica.

Otro tema es que el modelo sea sostenible y justo. Me refiero a la gestión de las listas de interinos y la adjudicación de las plazas.

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