¿DESCUBRIÓ FLEMING LA PENICILINA?

Para una cierta visión psicologista e ingenua de la ciencia, ésta avanza a trompicones de descubrimiento científico en descubrimiento científico. De esta manera, el científico constituye el núcleo del avance científico y la casualidad suele tener un papel predominante en el progresivo conocimiento de la naturaleza. Son los amantes del eureka, los que gustan tanto de las historias del tipo “manzana cae sobre la cabeza de ilustre inglés y le inspira la Teoría de la gravitación universal”. Esta perspectiva es muchas veces respaldada por los propios científicos que, en una innegable arranque de modestia, no dudan en repartir los méritos con la diosa Fortuna. El caso de Alexander Fleming es paradigmático de esto que estamos hablando. Utilizaremos la figura del Sir escocés para acercarnos al concepto tan oscuro como confuso de descubrimiento científico.

Cuando en 1945 recibió el Nobel de Medicina por el descubrimiento de la penicilina, no se le cayeron los anillos en admitir, en su discurso de agradecimiento, que sus hallazgos de 1928 habían sido completamente fortuitos. Él solamente tuvo que aplicar los procedimientos del manido método científico para, mediante la observación y experimentación, conseguir interpretar adecuadamente lo que la Fortuna había puesto sobre sus ojos (o más concretamente, bajo la lente de su microscopio).  ¿Cómo nos atrevemos entonces a ningunear la relevancia de la casualidad en el desarrollo científico? ¿Si no, de qué otra manera se puede explicar la aparición accidental de un hongo, con las mayores propiedades antibióticas, en una de las placas de Petri en la que estaba trabajando con cultivos de  Staphylococcus aureus? ¿Acaso no se aliaron ciencia y suerte para salvar la vida de millones y millones de seres humanos? El sentido de la respuesta a estas preguntas variará dependiendo de la importancia relativa que atribuyamos a los hallazgos de Fleming. Por eso aunque pueda parecer insultante nos preguntamos ¿descubrió realmente Fleming la penicilina?

No abonaremos aquí teorías revisionistas del tipo de que no fue Colón sino los vikingos quienes descubrieron América, ni hablaremos del uso de hongos y plantas con propiedades antibacterianas desde los griegos para ningunear las aportaciones de Fleming. De lo que se trata aquí es de abordarlo desde una perspectiva gnoseológica. Si nos viéramos obligados a asumir la archiconocida distinción de Reichenbach entre contextos de descubrimiento/contextos de justificación, si nos pusieran una pistola en la cabeza para comulgar con ruedas de molino teoreticista, desde el materialismo filosófico diremos que no se puede hablar de descubrimiento previo a su justificación, que aun siendo posterior en sentido cronológico la justificación es anterior en el sentido gnoseológico. Esta es la base de la distinción que Bueno establece en su artículo La Teoria de la Esfera y el descubrimiento de América.

Con estas prevenciones cabe preguntarse ¿hasta donde llegaron las aportaciones de Fleming en el desarrollo de la medicina antibacteriana? Se podría decir sin ser muy injustos que  aparte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, sus aportaciones se reducen a haber puesto el nombre a la nueva sustancia que nunca fue capaz de identificar. De hecho, incluso en esto, sus logros son limitados puesto que fue Charles Tom quien identificó el hongo como proveniente del Penicilinum notatum. La cuestión es que sus descubrimientos pasaron prácticamente inadvertidos desde su publicación en 1929 para la British Journal of Experimental Pathology hasta que fueron rescatados  por Florey y Chain (co-premiados con Fleming) diez años más tarde. Ellos fueron quienes aislaron, sintetizaron y distribuyeron la penicilina. Por lo tanto se podría decir que sin las aportaciones de estos dos científicos la relevancia de Fleming hubiera sido puramente anecdótica, accesible sólo para arqueólogos de la microbiología. La realidad, sin embargo, ha sido más injusta todavía. Con el nombre de Fleming hay plazas, institutos, colegios y centros científicos, tiene una estatua en la plaza de toros de Las Ventas y estará vinculado inevitablemente a su “descubrimiento” pero ¿quién conoce al Florey y Chain? Sólo hay que entrar en la Wikipedia para ver la desproporcion entre las entradas de unos y otros.

Pero existe otro escollo importante que dificulta la aplicación del concepto de descubrimiento en teoría de la ciencia y al caso de Fleming en particular. Fleming no pudo descubrir  la penicilina porque sencillamente la penicilina no existía cuando Fleming realizó sus observaciones. Lo que existía era un hongo que no se sabía por qué tenía propiedades antibacterianas, explicable a una escala fenoménica similar a las que nutren las explicaciones de los “remedios naturales de la abuela” con respecto a la medicina científica. Hasta que no fue purificada, aislada y sintetizada por Florey y Chain no puede hablarse de que existiera penicilina en la naturaleza. Este es el gran error del descripcionismo y del concepto de descubrimiento (a-letheia) científico. Sólo a través de las operaciones científicas trascendemos el nivel fenómenico de la observación y entramos de lleno en el nivel esencial de la ciencia.

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2 respuestas a ¿DESCUBRIÓ FLEMING LA PENICILINA?

  1. Antonio dijo:

    Hola! En este link http://www.quo.es/ciencia/consultas/40_mentiras_aceptadas dice “…La penicilina no la descubrió Fleming. Fue Ernest Duchesne, estudiante del Instituto de Medicina Militar de Lyon. Treinta y dos años antes que Alexander Fleming, el francés encontró un hongo con la propiedad de matar bacterias. Desafortunadamente, las autoridades científicas de la época no le hicieron caso, y su hallazgo cayó en el olvido hasta que fue redescubierto por el investigador británico…”

    Entonces ¿quién o quiénes fueron los descubridores de la penincilina? Gracias.

    • Bruno Cicero dijo:

      Muchas gracias por tu comentario y el enlace. Siguiendo los parámetros marcados en esta entrada, el supuesto descubrimiento por parte de Duchesne de la penicilina seguiría moviéndose en el plano del descubrimiento formal que se intenta triturar aqui. Podríamos decir que ni Fleming, ni Duchesne descubrieron la penicilina por la sencilla (pero fundamental) razón de que la penicilina no existía hasta que no fue aislada, purificada y sintetizada por Florey y Chain. De todos modos, el objetivo ultimo de la entrada fue criticar el propio concepto de descubrimiento científico para lo que nos hemos servido del caso paradigmático de Fleming y la penicilina. Un saludo

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