SUJETO REFLEXIVO E INDIVIDUO FLOTANTE

En esta breve entrada se van a analizar las semejanzas y diferencias entre el concepoto de “sujeto reflexivo” de Anthony Giddens y el concepto de “individuo flotante” de Gustavo Bueno.

Anthony Giddens sostiene que la pérdida de peso de las tradiciones en el mundo actual ha dado lugar a que tanto el presente como los proyectos de futuro de las personas sean cada vez más plurales y estén menos unívocamente determinados por el pasado. En este contexto, el individuo tiene la posibilidad, desconocida hasta el momento, de construir su propia biografía de forma reflexiva, decidiendo libremente qué clase de persona quiere ser, en vez de verse arrastrado por la inercia de la tradición. Sin embargo, esta nueva posibilidad abierta genera nuevas incertidumbres y riesgos en la conformación del yo. El individuo se ve condenado a cargar con el peso de su elección, asumiendo la evidencia de que equivocarse es posible, si no inevitable. La vida se vuelve constitutivamente incierta y el sentimiento de angustia sobreviene en el momento de las elecciones biográficas decisivas. El yo se hace frágil, quebradizo, fracturado, fragmentado y, sobre todo, necesitado de terapias de toda clase que le ayuden a reconciliarse con su proyecto.

La idea de sujeto reflexivo de Anthony Giddens tiene muchos puntos en común con la idea de individuo flotante de Gustavo Bueno.

Según Bueno, a lo largo de la historia de las sociedades políticas se han configurando determinados contextos culturales que han propiciado el surgimiento de lo que él llama “crisis de personalidad”. Las crisis de personalidad, cuando alcanzan una dimensión histórica, no surgen por el extravío de un individuo que deja de estar sometido a las influencias envolventes de su entorno y de la tradición, y se pierde en su propia libertad (como sostendría Giddens), sino que, por el contrario, son el resultado de una acumulación de influencias heterogéneas que acaban por neutralizarse mutuamente, dejando al individuo no libre, sino indeterminado e irresponsable; no ya tanto disponible para emprender cualquier camino, sino débil y enfermo para escoger ninguno. El detonante no es, por tanto, el miedo a la libertad, sino la disolución de todo enclavamiento firme, la indiferencia ante unos arquetipos o estilos de vida que han sido devaluados o neutralizados por otros arquetipos opuestos. En consecuencia, no es necesariamente a partir del Renacimiento, época en la cual puedo comenzar a producirse la eclosión de la libertad, cuando surgen las crisis de personalidad (crisis de los proyectos personales de vida), puesto que estas tienen lugar siempre que se produce la exposición a la influencia regular de clases o arquetipos personales opuestos. Estas situaciones se han dado, según Bueno, no solamente en épocas de crisis o desintegración política, económica o social, sino también, y más claramente, en fases de integración político-continental, como el desarrollo del Imperio Alejandrino o el Imperio Romano, enla Antigüedad, o el desarrollo de los grandes estados continentales, como Estados Unidos, en el siglo XX.

El concepto de individuo flotante hace referencia al individuo que vive en sus propias carnes una determinada crisis de personalidad históricamente definida. Los individuos flotantes son aquellos que han dejado de estar asentados en la tierra firme de una personalidad ligada a un tejido de arquetipos estable. Además, las individualidades flotantes resultan de situaciones en las que desfallece la conexión entre los fines biográficos individuales y los planes colectivos, no necesariamente porque no existan esos planes colectivos, o porque la soledad del individualismo aparte al individuo de ellos, sino porque pueden haberse hecho tan ambiciosos que se alejan de la escala de las preocupaciones individuales, o tan superabundantes que se neutralizan entre sí. Al perder su capacidad moldeadora, los planes y estructuras colectivas (familiares, religiosas, políticas) dejan de conferir un sentido definido (un destino) a la vida personal. Entonces, la biografía individual se desintegra y sus contenidos comienzan a aparecer como superfluos, desconectados entre sí, contingentes (“de sobra”, para usar las palabras de Sartre).

 

Los rasgos existenciales que caracterizan al sujeto reflexivo de Giddens y al individuo flotante de Bueno son bastante similares: fragmentación, fragilidad, pérdida de rumbo, angustia, necesidad de terapia, etc. Sin embargo, existe una diferencia fundamental en cuanto al significado objetivo de cada una de estas dos construcciones conceptuales. Para Giddens, el sujeto reflexivo aparece propiamente en la modernidad tardía, cuando decae la influencia moldeadora de la tradición y el individuo se queda sólo con su libertad para afrontar la determinación de un proyecto de vida. El sujeto reflexivo es, por tanto, una figura histórica que aparece en un contexto histórico-cultual específico. Sin embargo, el individuo flotante es, según Bueno, una figura antropológica genérica, en el sentido de que no se trata de una figura histórica vinculada a un contexto histórico-cultural específico; no es el subproducto de una sociedad determinada por un específico modo de producción (por ejemplo, el modo de producción capitalista o el modo de producción de la sociedad “postindustrial”), sino el resultado de sociedades determinadas por modos de producción muy diversos, aunque similares, en cuanto a las características que ya hemos señalado antes: multiplicación de arquetipos personales opuestos entre sí y desajuste entre los fines individuales y los planes colectivos. Así pues, el individuo flotante ha estado presente a lo largo del curso histórico siempre que las sociedades políticas han adquirido una escala tal que en ellas han empezado a converger multitud de arquetipos personales heterogéneos y muchas veces opuestos entre sí. Por eso, el individuo flotante no es el resultado de una ausencia de determinación que posibilita la eclosión de la libertad, sino de una sobredeterminación que, por neutralización, desemboca, no en libertad, sino en indeterminación.

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