WATCHMEN: EL OCASO DE LOS SUPERHÉROES

“Mi nuevo mundo no necesita de héroes baratos, vuestro infantil concepto del heroísmo ha quedado obsoleto. Además ¿qué habéis conseguido? Si vuestro único logro ha sido fracasar a la hora de evitar la salvación del mundo” Ozymandias en Watchmen.

El principal mérito de Alan Moore y Dave Gibbons con Watchmen es que fueron capaces, allá por 1986, de escribir el último cómic sobre superhéroes y eso a pesar de que después de su aparición se hayan seguido escribiendo cientos y cientos de historietas sobre héroes enmascarados. Da igual, Watchmen seguirá siendo el cómic que se encuentren al final del camino, el que lleve sus presupuestos hasta las últimas consecuencias, el que los haga saltar por los aires. Es por ello que Watchmen debe considerarse un clásico no sólo del cómic (como género menor) sino también de la literatura en general.

El superhéroe como concepto moral.

Para entender de lo que estamos hablando primero tenemos que aclarar qué entendemos por superhéroe. Una primera tentación sería la de definirlo por los superpoderes. Pero esta idea es errónea porque muchos de ellos no los tienen (principalmente Batman, paradigma del superhéroe) y alguno de los principales villanos de las historietas también los poseen y es obvio que eso no les convierte en superhéroes. La condición de superhéroe les viene dada por un compromiso moral que todos ellos adoptan con el Bien, la Justicia… y eso son palabras mayores. En el libro Los superhéroes y la filosofía usan la parábola platónica del anillo de Giges, un anillo que volvía invisible a su portador (las resonancias platónicas de El señor de los anillos se hacen ineludibles en este punto) para explicar el compromiso moral del superhéroe.

“Si existiesen dos anillos de esta especie, y se diesen uno a un hombre justo y otro a uno injusto, es opinión común que no se encontraría probablemente a un hombre de un carácter bastante firme para perseverar en la justicia y para abstenerse de tocar los bienes ajenos, cuando impunemente podría arrancar de la plaza pública todo lo que quisiera, entrar en las casas, abusar de todas las personas, matar a unos, liberar de las cadenas a otros y hacer todo lo que quisiera con un poder igual al de los dioses en medio de los mortales. En nada diferirían, pues, las conductas del uno y del otro: ambos tendrían el mismo fin, y nada probaría mejor que ninguno es justo por voluntad, sino por necesidad, y que serlo no es un bien para él personalmente, puesto que el hombre se hace injusta tan pronto como cree poderlo ser sin temor” Platón, La República.

Pues bien, los superhéroes parecen el contraejemplo perfecto contra lo dicho por Glaucón en el dialogo platónico. De hecho la principal diferencia entre los héroes y los villanos de las historietas clásicas es cómo responden ante esta paradoja. Y es que como diría Spiderman “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. El gran paradigma de esto es el primero y más poderoso de los superhéroes, Superman quién parece tener línea directa con el mundo de las Ideas de Platón. El superhéroe funcionaría como una especie de ideal regulativo, como guía moral, como ejemplo de superación de la paradoja del anillo de Giges.

A parte de esta visión maniquea de la moral, del bien y del mal, de la justicia o de la injusticia existe otra manera de acercarse al universo de los superhéroes. Conviene señalar en este punto que el superhéroe se nos presenta como una especie de fuerza parapolicial que lucha al margen de la ley por la instauración del bien y la justicia. El problema es que no todos los héroes tienen línea directa con el mundo de las ideas sino que es su propia conciencia la que les dicte que es lo bueno y lo correcto. De ahí que en ocasiones se haya calificado a los superhéroes de auténticos fascistas. Si son morales lo serán al modo protestante. Esta es la línea argumental seguida en Watchmen.

¿Qué pasaría si realmente la gente hubiera seguido el ejemplo de Superman y se hubiera enfundado el traje para combatir el crimen y luchar por el bien frente al mal?

¿Quién vigila a los vigilantes?

La acción de Watchmen discurre entre los años 40, en los que surgen los primeros aventureros enmascarados siguiendo la estela iniciada por Superman, y los años 80 en los que se centra la trama del cómic. En las primeras páginas nos encontramos con el asesinato de uno de los enmascarado, El Comediante, lo que dará pie al desarrollo de la trama que discurrirá entre la investigación del caso del “asesino de enmascarados” y la presentación de cada uno de ellos, su historia, sus motivaciones y sus particularidades. Ninguno de ellos constituye precisamente un ejemplo moral a seguir aunque en apariencia se muevan por los mismos ideales de los superhéroes que les han servido de modelo. La creciente desconfianza de la población hacia los enmascarados junto con la huelga de policías provoca que se aplique el Acta de Keene según el cual quedaba proscrita toda actuación de los enmascarados al margen de la ley.  La mayoría de ellos cuelga los hábitos quedando sólo en activo el Dr. Manhattan, el Comediante (estos dos al servicio del gobierno) y, de modo clandestino, Rorschach.

Pronto descubriremos que, aunque el tiempo narrado guarda cierta semejanza con nuestro pasado inmediato hay una serie de elementos esenciales que han cambiado en la historia gracias a la intervención de nuestros amigos superheroicos. Los EEUU ganaron la guerra de Vietnam y como consecuencia de ello Nixon va camino de su cuarto mandato, la guerra fría caracteriza la geopolítica internacional, con la salvedad de que los americanos tienen un arma con la que los rusos no pueden competir: el Dr Manhattan, el único de todos los enmascarados con verdaderos superpoderes, el más eficaz de los escudos antimisiles y una bomba atómica andante. Su salida de escena en un determinado momento provocará una escalada en las tensiones entre rusos y americanos lo que queda plasmado en el continuo transcurrir del Reloj del Apocalipsis que camina inevitablemente hacia las doce en punto y, con ello, hacia el estallido de la guerra nuclear definitiva.

Cuando el héroe es el villano (y viceversa).

Con la caracterización de sus personajes protagonistas, Watchmen dinamita la visión maniquea que del bien y el mal ofrecían tradicionalmente los cómics de superhéroes. Estos conceptos ya no son herméticos y absolutos sino que están disueltos y aparecen entremezclados. Esto es así a lo largo de las más de 400 páginas que tiene el cómic pero se amplifica al final cuando Ozymandias (“el hombre más listo del mundo”) entiende que la única forma de evitar la catástrofe nuclear a la que están abocados es simular un ataque extraterrestre sobre Nueva York en el que morirá la mitad de su población.

Pocos supervillanos, en la historia del comic, han perpetrado una matanza de ese tamaño y sin embargo, en el caso de Watchmen, es inevitable preguntarnos si Ozymandias no es, a su vez, el  verdadero héroe de la trama.


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