UN CASO DE SIAMESES CRANIÓPAGOS

El domingo 26 de junio, El País Semanal dedicaba un artículo al caso de Krista y Tatiana Hogan, dos hermanas siamesas unidas por la cabeza.

En principio, podría parecer que la realidad de los siameses no plantea problemas filosóficos de especial importancia. Sin embargo, tal y como ha señalado Gustavo Bueno en ¿Qué es la bioética?, los casos de hermanos siameses obligan a reflexionar sobre la relación entre las ideas de individuo y persona, una cuestión fundamental dela Antropología filosófica.

El individuo humano canónico, tal y como nos es dado a través del proceso histórico, es un individuo elemental (en su escala), exento y separado (con solución de continuidad respecto de otros individuos), y con un cerebro que funciona como centro de control racional. Tradicionalmente, se ha atribuido a cada individuo una personalidad, y se ha supuesto una correlación biunívoca entre las ideas de individuo y persona: a cada individuo correspondería una personalidad y a cada persona una individualidad. Ahora bien, ¿qué ocurre en el caso de dos gemelos unidos de forma inseparable (con corazón o pulmones comunes, por ejemplo)? En ese caso, tenemos una unidad sustancial orgánica y, en principio, dos personas distinguibles, si los cerebros actuantes en esta unidad sustancial mantienen una capacidad, por pequeña que sea, para funcionar independientemente el uno del otro en sus relaciones con el medio. Tenemos, pues, un individuo y dos personas, siendo esta la razón del carácter “aberrante” que resulta consustancial a este tipo de siameses, en tanto que se apartan del canon antropológico históricamente constituido (un individuo, una persona).

El caso de las hermanas Hogan, unidas por la cabeza, supone un grado más de dificultad en el análisis teórico. El modo en que se formaron los cerebros de estas niñas las hace extraordinarias: su anatomía neuronal es única en los anales de la literatura científica. Su singularidad radica en la existencia de un puente talámico que conecta los dos cerebros. Se cree que es posible que la percepción sensorial que recibe una de ellas pueda cruzar el puente que va al cerebro de la otra. “Una niña bebe, la otra lo siente”.

En principio, parece que se trata de un caso en el que habría que reconocer la presencia de dos individuos, si bien unidos de forma inseparable, y dos personas, pues existen dos cerebros con funciones de control racional. Pero, ¿son realmente dos personas? ¿El funcionamiento de los dos cerebros, dada la conexión existente entre ambos, es suficientemente independiente como para poder decir que nos hallamos ante dos personas autónomas?

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