VIDAL PEÑA

Es imposible no referirse en este blog a la jubilación de Vidal Peña. Cualquiera que le haya echado un vistazo ya sabrá por qué, pero, por si quedara alguna duda: ¿quién es el pulidor de cristales? y ¿quién es quien nos ha enseñado todo lo que sabemos sobre él?

Yo soy de esas personas que toman apuntes y que, con los años, ha ido aprendiendo a tomarlos mejor, es decir, a no copiar todo lo que el profesor o el  ponente están diciendo. Desde luego, en segundo de carrera todavía no había desarrollado esa habilidad para distinguir o anotar solo las ideas principales, así que, cuando asistí por primera vez a una clase de Vidal (Historia de la filosofía medieval), se me plantearon dos opciones: copiar todo lo que decía o no copiar nada. Vidal Peña se subía a la tarima, se sentaba en su mesa y a media voz, casi sin alzar la vista, comenzaba a dar la clase. De vez en cuando, creo que nos miraba por encima de las gafas y esbozaba alguna sonrisa socarrona. Era muy raro que variara el tono de voz en su exposición, de modo que todo lo que decía me parecía importante. Así que me pasaba toda la clase escribiendo. Como era de esperar, los alumnos comentábamos su forma de proceder, si era pedagógica o no, etc., dado que la primera impresión que daba era la de ser un profesor que hablaba sin parar en tono invariable. Pero la duda se disipaba en cuanto leíamos los apuntes: la pedagogía estaba implícita; las ideas estaban expuestas con claridad y perfectamente desarrolladas y explicadas, no podíamos pedir más. A medida que fue transcurriendo el curso, fuimos aprendiendo a asistir y a sacar provecho a sus clases, primero, como digo, en Historia de la filosofía medieval, después, en Introducción a la metafísica, asignatura que, como él mismo confesó, nunca antes había impartido. No voy a olvidar el primer día de esa asignatura, cuando nos dijo en clase que sentía no haber elaborado unos buenos apuntes para nosotros y no haberla preparado más, porque pensaba que nos lo merecíamos. ¡Vidal estaba pidiéndonos disculpas! En esa asignatura nos explicó, entre otras cosas, Aristóteles. Yo conservo esos apuntes como si fueran oro y periódicamente pienso en pasarlos a ordenador para no perderlos, pues acudo a ellos con cierta frecuencia.

Historia de la filosofía moderna fue la guinda del pastel. ¿Quién no se acuerda de Vidal Peña explicando la noción de causa sui en Spinoza con la imagen del barón de Münchhaunsen, quien, tras haber caído con su caballo en una ciénaga, trató de salir de ella tirando de su propio cabello?

Una de las cosas que más pena me da de mi paso por la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo es no haber logrado tener un trato más personal con Vidal Peña y no haber podido agradecerle todo lo que he aprendido gracias a él. Puede parecer una tontería, ya que alguien podría decir que su trabajo era enseñar y que para eso le pagaban, pero, quien piense eso, que se pase por la Universidad y vaya de oyente a alguna clase…

Y por pedir algo más, ojalá tenga tiempo, ahora que yo no va a poder seguir dando clases, para escribir aunque sea una mínima parte de todo lo que seguro tiene en su cabeza.

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2 respuestas a VIDAL PEÑA

  1. Pingback: NÚMERO VEINTICINCO | EL PULIDOR DE CRISTALES

  2. Darklighter dijo:

    :_)

    No sé yo si los emoticonos serán bien vistos en este blog, pero me tomo una licencia para expresar lo que supone este artículo. Gracias, srta. Trujillo.

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