LA HISTORIA SE CUENTA DE MUCHAS MANERAS

La tarea de elaborar un diccionario biográfico de cincuenta volúmenes y cuarenta y tres mil entradas se presenta a todas luces como algo complicado. La entrada dedicada a la biografía de Francisco Franco ha levantado la polémica, pues su autor, Luis Suárez, en ningún momento se refiere a él como dictador, y define su régimen como autoritario, pero no totalitario.

En una entrevista publicada en el diario El País el sábado cuatro de junio de 2011, Gonzalo Anes, presidente de la Real Academia de la Historia, afirma que la responsabilidad última de lo que se dice en cada una de las entradas corresponde a su autor. Esto no deja de ser una forma de lavarse las manos, aunque se pueda entender, en cierta medida, teniendo en cuenta la monumentalidad del proyecto y la dificultad de llevar a cabo una revisión rigurosa de todas las entradas, que, además, se supone que han sido encargadas a especialistas. De todas formas, y desde mi punto de vista, creo que la Real Academia, en la medida en que es la que recibe los fondos públicos y la que pone en marcha el proyecto, es la institución responsable en última instancia, pues, al final, lo que queda, simplificando mucho, es que en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia se dice que Franco no fue un dictador.

Ahora bien, aunque pudiera afirmarse que el responsable último del contenido de cada entrada es su autor, lo que sí es responsabilidad de la Academia es la elección de los biógrafos. Siendo esto así, ¿por qué se encarga la elaboración de la biografía de Franco a un hombre vinculado a la Fundación Francisco Franco y presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos? La deseada objetividad se hace difícil. Está claro que la Historia, en tanto que consiste en la reconstrucción del pasado, está presa de las ideologías, pues la forma de reconstruir los hechos variará en función de la línea historiográfica en la que el historiador se posicione. Esto no significa que en la ciencia histórica no halla elementos sólidos, que puedan ser garantía de cierta objetividad, a modo de mojones que marcan un camino (crónicas, relatos, restos arqueológicos, etc.), pero estos elementos, al final, en el momento de la reconstrucción histórica, han de ser hilados por un sujeto (el historiador) que, como digo, tendrá sus propios “prejuicios”. ¿Esto significa que es imposible reconstruir hechos históricos de manera veraz? Lo que digo es que habrá reconstrucciones más veraces que otras, y las habrá completamente falsas. A dónde quiero llegar es a que, si de lo que se trata es de elaborar un diccionario biográfico, si sabemos que ciertos periodos de nuestra historia reciente son polémicos en lo que a su valoración se refiere, y si consideramos que la objetividad es un valor positivo, aunque seamos conscientes de los problemas intrínsecos de la ciencia histórica, me cuesta entender por qué se ha encargado la entrada de Franco a una persona tan posicionada ideológicamente.

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