ÁLVARO FLÓREZ ESTRADA

Álvaro Flórez Estrada

La popularidad de la Leyenda Negra debe mucho a la ignorancia y a la ingenuidad. Resulta fácil aceptarla como algo innegable cuando se sabe poca historia: está por todas partes y esa ubicuidad le da la apariencia de algo evidente. La ingenuidad colabora con el pacifismo que se espanta ante la conquista de América y, sin embargo, no se pregunta de qué dulce conversación surgieron los imperios inca, maya o azteca; o con el sesgo que permite leer a Cicerón sin el agobio de las atrocidades cometidas por los romanos y, a la vez, menosprecia a Luis de Molina porque era jesuita. Para los que, como yo, crecieron imbuidos en el dogma de la miseria española, el estudio de nuestra historia tiene mucho de revelación: después de leer las crónicas de Indias, de escuchar los Responsorios de Tinieblas de Victoria o de leer los supuestos rollos patateros de Feijoo uno se pregunta: ¿dónde está el erial? Y lo mismo ocurre con el siglo XIX cuando se mira más allá del tupido entrecejo de Fernando VII y se enfoca, por ejemplo, a los responsables de que lo tuviera fruncido.

Uno de ellos fue Álvaro Flórez Estrada. El propósito de la entrada es despertar el interés por su figura, para ello propongo como primera aproximación un artículo de Joaquín Varela Suanzes. Se trata de cuarenta páginas bien escritas en las que evita los dos vicios de las semblanzas: estancarse en detalles eruditos que no vienen a cuento y camuflar un índice onomástico sustituyendo los guiones por puntos.

Flórez Estrada nació en Somiedo en 1766, en el seno de una familia hidalga. La biblioteca familiar depara la primera sorpresa, pues en ella encontramos, entre otros libros, los Essais de Montaigne, The Decline and Fall of Roman Empire de Gibbon, The Works of John Locke in Ten Volumes, Essays and Treatises on Several Subjects in Two Volumes de Hume, Discours sur l’Histoire Universelle de Bossuet, Traité d’Economie Politique de J.B. Say, Emile ou l’education de Rousseau, The Mathematical Principles of Natural Philosophy de Newton, además de los clásicos latinos y romanos, las comedias completas de Calderón, las novelas de Voltaire… Llama la atención que no aparezca el Teatro Crítico, pero quizá estuvo entre los libros que unos mineros usaron como combustible en 1936. Seguramente por mi ignorancia, me resulta asombroso que existiera una biblioteca así de nutrida a 80 km de Oviedo (con lo que esa distancia suponía en la segunda mitad del XVIII) e inmediatamente me pregunto cómo encargaban los libros, cómo tenían noticia de ellos y, sobre todo, cuándo y con quiénes discutían sobre ellos.

A continuación enumeraré algunos datos que ponen de relieve la importancia política de Flórez Estrada. En 1808 era Procurador de la Junta General del Principado, un año más tarde remite a la Comisión de Cortes de la Junta Central su proyecto de Constitución (el tercero en España y el primero netamente liberal), en 1811 escribe el Examen imparcial de las disensiones de la América con la España, en 1814 parte exiliado a Londres y allí publica en 1818 la Representación hecha a S.M.C. el señor don Fernando VII en defensa de las Cortes; de vuelta a España, durante el Trienio Liberal, participa en la redacción de nuestro primer Código Penal en 1822, y seis años más tarde publica el Curso de Economía Política, que conoció seis ediciones y había de convertirse en el manual de economía más  influyente del siglo XIX escrito en español. En 1836 propone una alternativa al proyecto desamortizador de Mendizábal en un folleto titulado Del uso que debe hacerse de los bienes nacionales y diez años más tarde es nombrado miembro correspondiente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París. Por último, en 1853 muere en Noreña, en el palacio familiar de Miraflores. Recomiendo al lector que lea al menos unas páginas de la Representación para que juzgue por sí mismo si vale la pena conocerlo a fondo (la recomendación se transforma en obligación para los que disfrutan leyendo la historia de Michelet o el panfleto de Sieyes).

Casa natal en Somiedo

Si hace unas semanas me pregunté por qué Patti Smith había soportando tantas calamidades pudiendo llevar una vida tranquila en su casa, con más fuerza se plantea la duda en el caso de Flórez Estrada: padeció el exilio, privó a su familia de un existencia apacible y puso en riesgo su vida en más de una ocasión pese a ser el heredero de una hacienda rentable, tener aptitudes de sobra para “cultivar su jardín” y gozar de la posición necesaria para medrar a la sombra. La respuesta es mucho más noble que la de Smith: por patriotismo. Se dejó la piel por establecer en España la libertad de prensa y de reunión, anular los privilegios que obstruían el acceso a los cargos públicos, introducir garantías procesales y mejorar las condiciones de vida del campesinado. Cuando publicó el Curso de Economía se encontraba en Londres, viviendo a expensas del general Thomas Dyer, al que había conocido en Asturias durante la Guerra de Independencia y a quien le dedica el volumen con estas palabras: “A Sir Thomas Dyer, Baronet de Inglaterra y General de los Ejércitos de S.M.B. Excelentísimo señor, creería faltar no solo á la amistad sino á la gratitud y á la justicia, si habiendo hecho V.E. considerables sacrificios en favor de la España durante la lucha de su independencia, y continuando haciéndolos incesantemente para mejorar la suerte de los emigrados Españoles, y no contando yo en mi desgracia con otros medios de subsistir que la jenerosidad de V. E. no le ofreciese esta obra como un testimonio de las eminentes virtudes que le adornan”. Al igual que sucedía con la biblioteca, la curiosidad invita a saber algo más de aquellos ingleses que acogieron a los exiliados españoles en más de una ocasión y que murieron junto a ellos como el capitán Robert Boyd en Málaga (es el pelirrojo).

El artículo de Varela Suanzes presenta a Flórez Estrada como un liberal de izquierda, en singular, en virtud de un concepto taxonómico al que cabría oponer el análisis de Bueno en El mito de la izquierda según el cual el concepto de izquierda política tiene el formato lógico de un concepto funcional paramétrico.  Pero la crítica nos desviaría por completo y exigiría no solo que los lectores hubiesen leído el artículo, sino que yo hubiese estudiado a Flórez Estrada, circunstancias que no se dan. De todas maneras, sería interesante estudiar su obra y situarla en la segunda oleada de izquierdas. Más en particular, hay otros aspectos de interés filosófico dignos de estudio, como la relación entre su rechazo a convocar unas Cortes por estamentos y la Idea de nación política como resultado de un proceso de holización; o el tránsito del idealismo nomocrático (quien arregla las leyes, arregla el país) a la preocupación por las condiciones materiales de la nación, lo que le condujo al estudio de la economía y a su difusión académica. Sé que este párrafo es chino para algunos lectores, pero aclararlo supondría arrumbar a Flórez Estrada y cambiar el nombre de la entrada.

El profesor Varela lamenta en una nota que no hayan erigido, ni siquiera en Somiedo, un busto de recuerdo. A mi juicio no hay nada que lamentar salvo en lo que tiene de síntoma. Un artículo como el suyo es un medio mucho más eficaz para mantener viva su memoria.

Palacio de Miraflores, Noreña

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2 respuestas a ÁLVARO FLÓREZ ESTRADA

  1. Pingback: NÚMERO VEINTICUATRO | EL PULIDOR DE CRISTALES

  2. enrique dijo:

    Creo que habría que instar al ayto.de Somiedo que reconozca la importancia de Florez Estrada organizando unas jornadas para divulgar las aportaciones que hizo al siglo XIX español.

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