LA SUSTANTIVACIÓN DEL CINE COMO ARTE (3)

Hasta ahora hemos establecido que el proceso de sustantivación del cine lleva aparejado una cierta neutralización de la figura del autor y un distanciamiento con respecto a la realidad y el naturalismo estético, pero no podremos hablar de cine sustantivo hasta que éste no haya definido claramente su “campo” en relación con el de las otras artes con las que guarda relación de parentesco: la fotografía, el teatro y la literatura.

Cine y fotografía

De entre todas las artes es con la fotografía con la que el cine quizás guarde una relación más estrecha. Su vínculo es, en primer lugar, genético, pues aparece históricamente como un desarrollo técnico de la fotografía. La ilusión óptica de captación fotográfica del movimiento provocó que, en sus orígenes, el cinematógrafo fuera exhibido como una barraca de feria al lado de la mujer barbuda. Es la época de los trenes llegando a la estación, los obreros que salen de la fábrica o los feligreses abandonando la iglesia del Pilar tras el sermón dominical. De esta manera, la vinculación del cine con la fotografía nos introduce de pleno en el debate sobre el realismo cinematográfico que ya fue abordado en la anterior entrada. Señalaremos únicamente que, para el realista y para el naturalista, cine y fotografía están esencialmente vinculados por su  capacidad representativa de la realidad.  El cine sigue siendo mera fotografía en movimiento o, más concretamente, fotografía del movimiento. Así entendido, el cine no habría desbordado el campo de la fotografía y vendría a ocupar con respecto a la fotografía el lugar que el cine en 3D ocupa en relación con el cine clásico en blanco y negro.

A parte de esta vinculación representativa, cine y fotografía están relacionados estilísticamente a través del plano cinematográfico. El plano es la parte formal última a partir de la cual se construye una película y es en sí mismo fotográfico. La composición plástica del plano cinematográfico y la del encuadre fotográfico son prácticamente idénticas. La diferencia que pudiera suponer la introducción del movimiento en este contexto es de grado y su importancia, residual. Sólo a través del montaje cinematográfico será posible romper esta subordinación del cine a los esquemas estilísticos de la fotografía. El plano-secuencia es un concepto límite que, en este contexto, vendría a reducir el “lenguaje” del cine a los parámetros fotográficos.

Cine y teatro.

La vinculación del cine con el teatro viene determinada por su consideración como uno de las artes dramáticas. Cuanto más se pone en relieve la importancia del elenco actoral en el cine más se está estrechando este vínculo. Históricamente hubo una época en la que el cine no era más que teatro filmado, en la que los actores representaban sus respectivos papeles ante la mirada pasiva del objetivo cinematográfico. Era la época del film d´art francés.

Una vez superada esta fase embrionaria del desarrollo del cine y una vez éste se hubo armado de recursos estilísticos que lo alejaban del “teatro filmado” el eje de la relación entre cine y teatro se ha inclinado hacia otra parte. Ahora el problema es que el actor de cine se ha profesionalizado e institucionalizado en las academias de cine de todo el mundo, hasta el punto de que la dupla actor/personaje se ha visto trastocada. El actor está por encima del personaje, tiene vida fuera de la pantalla de cine e impone sus tics y “métodos” al personaje. Esto supone una traba importante en el proceso de sustantivación del cine. El papel del actor debería ser meramente funcional en base al guión y a la dirección de actores,  debería quedar neutralizado por el personaje, agotarse en él. Es en este sentido, en el que podemos afirmar que las películas de dibujos animados tienen mucho terreno ganado, porque en ellas no es posible esta duplicidad. Pero es que además no hay razones para seguir manteniendo esta preponderancia del actor en el cine actual. La posibilidad de repetir las tomas hasta la saciedad, el acoplamiento a posteriori de la voz y otros recursos del montaje hace que la figura del actor profesional no tenga la importancia de la que se reviste.

Cine y literatura.

Reducir, como es habitual, el ámbito de unión entre el cine y la literatura al marco de la adaptación literaria supone errar el tiro por completo en el análisis de las relaciones entre estas dos artes. Una película que adapta una novela puede ser mucho más cinematográfica que otra que se construye en torno a un guión original (El Padrino no sería precisamente un ejemplo menor de esto). Se podría decir que la adjetivación literaria del cine es la que hoy en día está más presente tanto en la elaboración de películas como en su análisis y en las críticas cinematográficas.  El principal detonante de esta adjetivación es la posición predominante que el guión cinematográfico ha adoptado dentro de la estructura interna del cine. Cuando la película entera pivota en torno al guión cinematográfico, cuando es éste el que marca el ritmo y la cadencia de la película, cuando la realización no es capaz de trascender el folio, cuando la película no es sino la traslación a imágenes de lo que ya estaba escrito en palabras, es entonces cuando hablamos de adjetivación literaria del cine. Sólo a través de la potenciación de la capacidad expresiva del plano, del  fortalecimiento del montaje y del uso adecuado del resto de recursos cinematográficos puede el cine desbordar el campo literario marcado por el guión.

Es en este sentido en el que afirmamos que la inmensa mayoría de las críticas y los análisis cinematográficos son en realidad literarios, pues se centran en aspectos de la trama de la película dejando al margen los elementos puramente cinematográficos. No excluiremos de la quema ninguna de las entradas que en este blog se han dedicado al análisis de diferentes películas, pues lo que se buscaba en ellas era principalmente rastrear elementos ensayísticos sin hacer mención prácticamente de los recursos estilísticos. Al menos, no engañamos a nadie, pues ya se avisó de que aquí abordaríamos las películas en tanto fueran capaces de articular ideas filosóficas, entendiendo el cine así como “agente filosófico”.

Como hemos visto, el cine mantiene nexos de unión ineludibles (tanto a nivel genético como estructural) con estas artes y sólo en la medida en la que es capaz de establecer un entramado de relaciones circulares entre estos elementos “adjetivos” y de constituir así un nuevo campo artístico, sin “fugas”, es posible hablar del cine como arte sustantivo. Esto es, sólo será posible, en la medida en que sea capaz de atenuar el carácter “vectorial” de estos elementos y, por tanto, de conseguir que remitan los unos a los otros y no al campo de otras artes previamente constituidas.

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