DEUS SIVE NATURA

Si el 11 de marzo era ya una fecha marcada en rojo en el calendario emocional de los españoles, a partir de ahora será también la fecha en la que se recuerde que un buen día la tierra se estremeció y del mar emergió una gigantesca ola que devoró las costas de Japón.  Las complicaciones nucleares que se están viviendo en la central de Fukushima no han hecho sino aumentar el dramatismo del país nipón. Ha pasado poco más de una semana pero ha sido tiempo suficiente para ver, leer y escuchar opiniones de todo tipo que iban articuladas en dos caminos diferentes: por un lado, gran parte de las opiniones se han encauzado hacia una reinterpretación de las relaciones del hombre con la naturaleza; por el otro, ha servido para que se reavivara el debate en torno a la energía nuclear. Abandonaremos esta última línea de discusión pues no encontramos elementos nuevos relevantes para desdecirnos de lo que ya se escribió en este blog acerca del tema. Las circunstancias excepcionales que han provocado la crisis nuclear japonesa deslizan el debate sobre el uso de la tecnología nuclear al fangoso terreno de la demagogia.

Nos centraremos, por tanto, en ver cómo una catástrofe natural de la magnitud de la de Japón puede modular las relaciones radiales del hombre con la naturaleza o, más bien, de la naturaleza con el hombre. No es sólo que los cronistas de la tragedia de Japón (y de la mayoría de las catástrofes naturales) estén ejercitando el Mito de la Naturaleza, esto es, considerar la Naturaleza como un todo claramente definido del que las diferentes realidades naturales son sus clases, sino que este todo se ha personificado y, sin saberlo, deificado. Como veremos, se podría defender que la Idea de Naturaleza ha venido a ocupar el lugar que el Dios de Calvino ha dejado vacante.

Los designios de la Naturaleza son inescrutables. El hombre, orgulloso y arrogante, pretende conocerlos a través de la ciencia y la tecnología, como también pretendía llegar al cielo construyendo la torre de Babel. Ese es su pecado original y por ello es por lo que son castigados brutalmente. Conocer la ira de la Naturaleza les servirá de correctivo para su altanería. El hombre se ha creído el centro del Universo, ha pensado que podía disponer ilimitadamente de los recursos de la Madre Naturaleza, sirva esta demostración de fuerza para devolverles a su sitio, como una parte insignificante de una realidad que jamás podrán abarcar. “Somos microbios ignorantes jugando con fuerzas infinitamente más poderosas que nosotros” en palabras de Rosa Montero. De esta enseñanza debemos sacar en limpio que sólo el hombre temeroso de Dios y de su ira aspirará a la salvación. [Hay una escena de El Señor de los Anillos que siempre me viene a la cabeza cuando se habla del hombre temeroso de Dios en la religión protestante, es cuando Frodo se pone accidentalmente el anillo y se encuentra frente a frente con el ojo de Saurón]. Y decimos aspirar porque la salvación no la tiene garantizada ninguna persona pues, como el Dios de Calvino, la Naturaleza reparte su Gracia de manera arbitraria, no entiende de moralidad (es un tópico aquello de que siempre ataca a los más desfavorecidos) ni de méritos. Lo único que nos queda a los humanos es cruzar los dedos para que nos bendiga con su Gracia.

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