CLARA CAMPOAMOR Y EL FEMINISMO ESPAÑOL

Esta semana se podría decir que ha sido la semana de Clara Campoamor. Se ha estrenado una miniserie sobre su vida, su cara ha servido para ilustrar las nuevas monedas de veinte euros acuñadas por la Real Casa de la Moneda y los actos del Día Internacional de la Mujer la han tomado como claro referente. Dedicaremos por ello esta entrada a analizar la relevancia histórica de la diputada republicana en el contexto del feminismo político en España.

Pero antes de centrarnos en el caso de Clara Campoamor tendremos que detenernos mínimamente en determinar qué se entiende por feminismo político y cuáles han sido las particularidades del feminismo español en el contexto internacional. Será de interés recuperar aquí la distinción que establecimos hace años entre feminismo definido y feminismo indefinido. El feminismo definido o político es aquel que toma como marco de referencia objetivo al Estado, aquel que, por tanto, vincula sus planes y programas al proceso de holización política, esto es, el proceso de trituración y lisado de las estructuras del Antiguo Régimen (el Trono y el Altar) hasta alcanzar sus partes formales últimas, sus partes átomas: los individuos humanos. El proceso holizador se completará con la reestructuración de estas partes átomas en el contexto de la nueva nación política. El feminismo político aparecerá por tanto en el contexto de la Revolución francesa al percatarse de que las mujeres han sido excluidas de este proceso homogeneizador. “Las reivindicaciones feministas irán orientadas en esta línea: la adquisición del derecho a la ciudadanía y el derecho al voto y a ser elegidas no son otra cosa más que la reivindicación de que la fase analítica del proceso holizador no se detenga en los varones sino que se haga extensible a las mujeres (que sean consideradas como ciudadanas) y, como consecuencia, que se las tenga en cuenta en el proceso sintético, de construcción del nuevo Estado, mediante el derecho al voto y a ser elegidas” El feminismo indefinido, por el contrario, tendrá como lema programático aquello de que “lo personal es político” y una deriva de sus planes y programas hacía el ámbito privado. Desde nuestras coordenadas, sólo podrá considerarse como político por influjo del feminismo definido y, una vez este alcanza sus objetivos y desaparece, se verá abocado a la fragmentación y el enfrentamiento entre las diferentes corrientes que lo constituyen.

Lo que vamos a defender en esta entrada es que el carácter deslavazado, fraccionado e inconexo que el feminismo español ha mostrado a lo largo de su corta historia viene determinado precisamente por la práctica inexistencia de un feminismo definido a la escala política del Estado. Es esto, a su vez, lo que dota de relevancia la figura de Clara Campoamor y sus reivindicaciones políticas en el marco de la II República española.

El peculiar recibimiento que se dispensó en España a la Revolución francesa, junto con un convulso e intermitente proceso holizador llevado a cabo en el siglo XIX provocó que el movimiento feminista no se hiciera sentir en España hasta los primeros años del siglo XX. Hasta entonces las reivindicaciones feministas se circunscribieron a lo que hemos denominado como feminismo indefinido. Destacaremos dos figuras claves para entender el feminismo español en el siglo XIX: Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán. Sus reivindicaciones iban encaminadas a mejorar la posición relativa de la mujer en la sociedad española a través de su acceso a la educación y al mercado laboral. Sus reivindicaciones eran por tanto de carácter social dejando a un lado las reivindicaciones políticas de derecho al voto y a ser elegidas. Estas últimas reivindicaciones no serán recogidas hasta la creación en 1918 por Mº Espinosa de los Montero de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas. Esta asociación de carácter claramente conservador articulaba las reivindicaciones del feminismo indefinido del siglo XIX en torno a la reivindicación sufragista al amparo de la dictadura de Primo de Rivera. Esto supondrá la aparición del feminismo político en España, un feminismo político, un feminismo político de escaso recorrido pues, apenas trece años después, con el impulso Clara Campoamor y en el contexto de las reformas iniciadas por la II República, el voto femenino será aprobado.

Nos detenemos en 1931, hace 80 años, porque somos conscientes de la inexistencia de un movimiento feminista durante el franquismo y porque en la elaboración de la Constitución de 1978 fue innecesaria la existencia de un movimiento propiamente feminista pues sus reivindicaciones fueron asumidas políticamente por todos los partidos políticos.

Un balance de trece años de reivindicaciones políticas es un balance muy pobre para poder hablar de feminismo definido en España. Quizá lo que se busque al reivindicar la figura de Clara Campoamor es reflejar lo contrario, la existencia de una tradición política en el feminismo español, de claro carácter indefinido.

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