¿HAY ALGÚN PRAGMÁTICO EN LA SALA?

El libro del presidente González está escrito sobre la base de conferencias y documentos fechados en los últimos años. Carece, por tanto, de la unidad propia del ensayo y presenta ciertas redundancias. No obstante, tiene interés, tanto desde la perspectiva emic porque su autor ha sido un actor decisivo en la construcción europea durante los años ochenta y parte de los noventa, como desde la perspectiva etic por su análisis de la evolución del proceso europeo, después de aquellas fechas.

La premisa del libro es la necesidad y bondad de la Unión Europea, entendida como un ente político. Sin remitir como modelo a ninguna de las clasificaciones de Estado (federal o confederal) que ofrece la teoría constitucional o internacionalista. Sin prejuzgar tampoco un determinado reparto de soberanía entre los Estados y la Unión, más bien, abogando por una reordenación de las competencias según el principio de subsidiariedad. Es decir, la competencia debe ostentarla el sujeto que la ejecute con mayor eficacia, ya sea el poder local, regional, nacional o europeo. En definitiva, de su análisis no desaparecen los Estados, engullidos por un supuesto super Estado europeo.

El diagnóstico apunta a una Europa azotada por una crisis económico-tecnológica, sin un abastecimiento seguro de energía, y con serias dificultades para sostener su modelo social. Así, podríamos declarar la ruina de Europa, algo que no hace el autor, que sin embargo, apela con resignación a las reformas: «ante una crisis global y sistemática sin alternativas al sistema —salvo utopías regresivas o demagogias populistas—, hay que impulsar las reformas» (p. 20).

De las reformas que se proponen (todas formuladas grosso modo), nos detendremos en la educativa. Según el presidente González nuestro sistema educativo acredita a demandantes, a sujetos pasivos que esperan que alguien les contrate por lo que valen, por lo que su título dice que valen. Sujetos que sólo se mueven una vez que son llamados por el mercado. La solución pasaría por convertirlos en agentes, es decir, en oferentes de un determinado valor. Se reactivaría esa masa de capital humano, emprendedores que crearían empleo y riqueza. Claro que para que se obrara el cambio habría que conocer las causas que fomentan la atonía de los recién titulados. Y ese sistema dinámico implicaría fomentar la competición desde el primer momento; en la enseñanza superior supondría: mayor dificultad de acceso y coste económico directo. Lo cual no es nada descabellado, teniendo en cuenta que los beneficios de poseer estudios universitarios redundan fundamentalmente en quien los tiene, sin que el teórico beneficio para la comunidad pueda justificar una financiación pública tan generosa.

Todas las soluciones pasan por ajustarse a las exigencias del mercado, se trata en definitiva, de modificar a través de estrategias económicas aspectos políticos de la cuestión, como es el caso de la educación.

Por tanto, la lección de este libro es que la Unión Europea si quiere ser una entidad política tendrá antes que perfeccionarse (económicamente) como mercado. Porque debe advertirse, que los pragmáticos, han desechado la posibilidad de que la transformación política sea el medio que lleve al control económico. Si no más bien al contrario, la Unión política tendrá que ser un resultado, precisamente de aquellos medios. Pero en este caso, estos se alargan en el tiempo, dando la impresión de que aun cuando se acometan serán insuficientes.

Se constata una vez más la preponderancia de la economía, y es que como repite el autor, puede haber libre mercado sin democracia (la Chile de Pinochet), pero no democracia sin libre mercado (Cuba, por muchas elecciones que se celebren). El anhelo de una Unión Europea plenamente democrática está todavía muy lejos de la realidad, aunque lo esté en la cabeza de aquellos viejos pragmáticos.

Si el europeísmo existe, pasa por los cambios que se proponen en este libro. No hay modelo ni sistema alternativo.

(«Mi idea de Europa» Felipe González, RBA, Madrid, 2010)

 

Pablo Baquero Sánchez

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