WIKILEAKS Y EL PERIODISMO DE FILTRACIÓN

El caso Cablegate o, lo que es lo mismo, la salida a la luz de más de 250.000 informes confidenciales del Departamento de Estado de los Estados Unidos ha puesto en boca de todo el mundo el fenómeno de la filtración periodística. Se van sucediendo uno tras otro “sesudos” análisis de los diferentes cables filtrados junto con otros no menos sesudos acerca de la personalidad y las vicisitudes del fundador de Wikileaks, Julian Assange.  Estos son los dos grandes focos de atención donde se está poniendo el acento a la hora de analizar el “mayor caso de filtración de la historia”. Esto supone que o bien los analistas están ejercitando un sentido muy laxo del concepto de filtración o bien que se está apuntando en la dirección equivocada. Hablar de filtración, en un sentido técnico, supone hablar necesariamente del medio poroso a través del cual se produce el filtrado. El filtro es el elemento fundamental del proceso. No es lo mismo el mecanismo de filtrado que se requiere para potabilizar el agua que el que se necesita para elaborar un café expreso. Las diferencias vendrán determinadas por la naturaleza del filtro su resistencia o permeabilidad. En el caso de las filtraciones de Wikileaks se está haciendo caso omiso de ese medio poroso a través del cual se ha escapado el fluido informativo y, lo poco que se ha dicho, no ha tenido trascendencia pública. Esta situación es similar a la que se da  cuando uno tiene una gotera en el baño y fija su atención en el charco del suelo pero no se le ocurre mirar las tuberías. Y es que como dice el proverbio chino, cuando el dedo señala la luna el niño y el necio miran el dedo y no la luna. En esta entrada vamos a intentar fijarnos en la luna dejando de lado el dedo que de él bastante se ha hablado ya.

Antes de nada conviene aclarar que no toda filtración política se debe a fugas indeseadas de información. Es más, se podría hablar de la filtración como algo consustancial a la política. El político cuando filtra información estaría usando los medios de comunicación para sondear, influir o modificar la opinión pública. Es la filtración entendida como el “aceite informativo de la máquina de poder” en palabras de Petra María Secanella. Parece claro que éste no es el caso del Cablegate, a pesar de que en la red ya circulan algunas teorías que quieren ver intereses gubenamentales ocultos detrás de las filtraciones. De todas maneras la intencionalidad de la filtración no cambia en absoluto la estructura de la misma.  Tanto si es autorizada como si no, toda filtración periodística supone la intervención de al menos tres elementos: la fuente que filtra la información, las grietas o porosidades a través de las cuales ésta se cuela y el receptor de la información. Mientras no se taponen las grietas da igual quién sea el receptor o quién la fuente, pues si no lo hace uno lo puede hacer cualquier otro. Puestos a llamar al fontanero ya sabemos por donde tiene que empezar a buscar: mirando a la luna y no al dedo, ¿dónde están las grietas en el caso Cablegate?

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 pusieron de manifiesto la necesidad de crear una red para coordinar los diferentes estamentos encargados de la seguridad e inteligencia de los EEUU. Para ello era necesario crear un flujo de información lo más rápido, sencillo y seguro al que tuviera acceso cada uno de estos estamentos. Es así como nace la red SIPRNET (Secret Internet Protocol Router Network), un sistema de Internet de uso militar paralelo al convencional. El tipo de documentos distribuidos por esta red nunca podía obtener una calificación de confidencialidad superior a la de SECRET. Además, el sistema era sometido a exhaustivos controles de seguridad como mantenerle abierto sólo cuando el responsable estuviera frente al ordenador, cambiar  de clave cada cinco meses o la prohibición de acceder al ordenador con cualquier material de almacenamiento de datos. Pero la propia dinámica de los EEUU como imperio ha provocado que las partes involucradas en materias de seguridad haya aumentado exponencialmente en estos últimos diez años. De esta manera, como publica The Guardian,  el personal con cargo suficiente para acceder a esta información se ha elevado a los tres millones de personas. Esto tiene una consecuencia inmediata, y es que, cuando un tejido se estira más allá de lo que su naturaleza soporta, es normal que comiencen a aparecer grietas en el mismo. Se tomen las medidas de seguridad que se quieran tomar es muy difícil evitar que alguno de los tres millones de filtradores en potencia que EEUU tiene repartidos por el mundo, se acerque a un ordenador de la red SIPRNET con un CD de Lady Gaga y salga cargado con 250.000 archivos secretos tatareando Telephone. Esto es lo que explica que todos los documentos filtrados a Wikileaks llevaban el encabezamiento SIPDIS (Siprnet Distribution).

Estados Unidos no ha perdido el tiempo y, aparte de estrechar el cerco en torno a Wikileaks y Assange, ha llamado ya al fontanero y ha desconectado la red SIPRNET de todas sus bases de datos.

Periodismo de filtración.

El caso de WikiLeaks vuelve a reabrir un debate más general acerca del uso de filtraciones en el periodismo de investigación. Dejaremos aquí algunas pinceladas a modo de conclusión.
Hay que tener en cuenta que la filtración informativa, en tanto que filtración,  implica la separación y criba de una parte de la información con respecto del resto. La filtración, de esta manera, será necesariamente sesgada al permanecer la mayor parte oculta. Para contrarrestar esto el periodista se verá obligado a hacer una labor de investigación posterior que busque corroborar y contextualizar el material filtrado. El problema es que que ni Wikileaks ni los medios con los que ha compartido sus filtraciones han llevado a cabo esta tarea. Con ello se corre el riesgo de hacer periodismo de filtración, que no sería periodismo propiamente dicho al transformarse en un mero contenedor de filtraciones. En palabras de Arcadi Espada:

Nadie sabe, ni él mismo siquiera, lo que el ladrón dejó de llevarse. Cuántos, por ejemplo, de esos cables diplomáticos que completan, contradicen o desmienten los ya públicos, han quedado en el cajón, bien por descuido, bien, porque calificados de Top secret no han llegado al buzón de Wikileaks (…)

Wikileaks espolvorea billones de letras sobre el escritorio del periodismo. Ok, no es la primera vez que pasa. Ha pasado billones de veces, aunque acepto que haya sido con algo más de dosificación. Ahora habrá que recoger con paciencia las letras una a una, juntarlas y escribir algo con ellas. Sí, habrá que trabajar; pero será lo único que pueda y merezca leerse.

Aparte de ser sesgadas las filtraciones son también interesadas. No es difícil imaginar que la fuente informativa, escudada en su anonimato, tiene algún interés concreto en que una información determinada vea la luz. El peligro de esto es que, como dice José Maria Caminos, se corre el riesgo de convertirse “en un instrumento al servicio de personas con poder o grupos de presión que intentan manejarlos desde la sombra en busca de un interés concreto”.

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Una respuesta a WIKILEAKS Y EL PERIODISMO DE FILTRACIÓN

  1. Mara dijo:

    Me gustan mucho todos los artículos que escribes, están muy bien tramados.

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