EL DEBATE NUCLEAR. A VUELTAS CON EL CAMBIO CLIMÁTICO.

El sobrecalentamiento global

Se denomina efecto invernadero al fenómeno natural por el cual determinados gases que componen la atmósfera terrestre retienen parte de la energía que emite la superficie terrestre al ser calentada por la radiación solar. La energía que es absorbida por la atmósfera  no escapa al espacio exterior, lo que hace que la temperatura media del planeta aumente. Este fenómeno afecta potencialmente a todos los cuerpos planetarios dotados de atmósfera.

El efecto invernadero supone, de por sí, el calentamiento global de la Tierra. Sin embargo, hoy en día se admite, por consenso, que la acción del hombre está generando un sobrecalentamiento global cuyas consecuencias negativas son impredecibles. Cada vez son más las voces que reclaman una política de sostenibilidad energética mundial para frenar el actual ritmo de sobrecalentamiento planetario.

Los principales gases que potencian el efecto invernadero en la Tierra son, además del vapor de agua, el dióxido de carbono, el óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Un porcentaje muy importante del volumen total de estos gases presente en la atmósfera es emitido como consecuencia de la acción humana. Por ejemplo, el dióxido de carbono, que es, de entre todos los gases citados (a excepción del vapor de agua), el de mayor efecto invernadero, proviene principalmente de la combustión de combustibles fósiles. El óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre también provienen de la combustión de carbón y  petróleo en las centrales térmicas y en las refinerías. El carbón y el petróleo han sido las dos grandes fuentes de energía que han movido el mundo surgido de la primera y la segunda revolución industrial. Sin embargo, en el presente, la exigencia de una política energética de sostenibilidad hace necesario reducir el uso del carbón y el petróleo (así como del resto de combustibles fósiles, como el metano o gas natural), para lo que es preciso recurrir a fuentes de energía alternativas. Dichas fuentes de energía alternativas son, básicamente, de dos tipos: por un lado, están las energías renovables, y, por oto, la energía nuclear.

Ni las energías renovables ni la energía nuclear producen emisiones de gases que pudieran potenciar el efecto invernadero, dañar la capa de ozono o causar lluvia ácida. Son, en este sentido, energías limpias. Sin embargo, como veremos, la energía nuclear lleva asociado el problema de la gestión de los residuos radiactivos que genera, mientras que las energías renovables no generan residuos de ningún tipo, y, además, emplean recursos naturales que son, en principio, inagotables.

Con todo, en esta breve entrada se intenta argumentar la tesis de que la sostenibilidad energética, en el presente, pasa por la compaginación de las energías renovables y la energía nuclear. En un mundo amenazado por los efectos de la actividad productiva humana, pero en el que la demanda de energía crece anualmente, es necesario garantizar un suministro constante, minimizando el impacto medioambiental, para lo que debe favorecerse la eficiencia energética y el uso racional de la energía, así como la combinación de las distintas fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles. Por ello, pese a los inconvenientes que presenta la energía nuclear, son muchos los motivos que pueden aducirse a favor de que dicha energía tenga presencia, junto con las diferentes energías renovables, en los planeamientos energéticos actuales.

La energía nuclear

En los años sesenta se crearon las primeras centrales nucleares para la producción de electricidad, aunque fue a principios de la década de los setenta, con la crisis del petróleo, cuando muchos países desarrollados apostaron por la energía nuclear. Los períodos  económicos caracterizados por la bajada de los precios del petróleo, y, sobre todo, el desastre nuclear de Chernobil, supusieron un freno para el desarrollo ulterior de la energía nuclear. Sin embargo, transcurridas casi tres décadas desde el accidente de Chernobil, y dada la inestabilidad consustancial al mercado actual del petróleo, muchos países vuelven a inclinarse por la energía nuclear como la alternativa más sólida. Estados Unidos, China, India, Corea, Japón y algunos países de la Unión Europea han hecho fuertes inversiones en este sentido, ampliando la vida útil de las centrales existentes o creando otras de nueva generación.

Sólo la energía nuclear que se produce actualmente en la Unión Europea, de la que   proviene una tercera parte de la electricidad que se consume, evita la emisión anual a la atmósfera de 700 millones de toneladas de dióxido de carbono. Este hecho, de indudable importancia medioambiental, supone, además, un ahorro considerable de las reservas de combustibles fósiles, que siguen siendo imprescindibles, por ejemplo, para el transporte.

Ahora bien, si, como se ve, la energía nuclear contribuye a garantizar el suministro de energía, reduciendo, al mismo tiempo, el impacto medioambiental, ¿por qué existe un debate tan enquistado sobre su utilización, en países como España? El problema radica, en gran medida, en el rechazo de la opinión pública a esta energía. Dicho rechazo se basa en la triple idea de que la energía nuclear puede ser empleada con fines bélicos, es peligrosa por el riesgo de accidentes como el de Chernobil, y genera residuos con un alto nivel de radiactividad.

Frente a estas ideas, se hace necesario aclarar algunos aspectos. Por una parte, debemos ser conscientes de que el uso de la energía nuclear con fines civiles es completamente independiente de su uso con fines militares. Por otra parte, es una realidad que las centrales nucleares son hoy mucho más seguras de lo que eran hace tres décadas; en este sentido, el accidente de Chernobil ha servido para extremar las medidas de seguridad.  Por último, es conveniente indicar que los residuos nucleares son objeto de una escrupulosa clasificación, para proceder, posteriormente, a su adecuado almacenamiento en condiciones seguras. Los residuos nucleares más peligrosos, los de vida larga y alta actividad, suponen, desde luego, un problema, aunque los protocolos actuales son bastante seguros: dichos residuos son almacenados en piscinas para su reutilización hasta que, finalmente, son clasificados y depositados en bidones de acero que se encierran en contenedores de cemento en instalaciones preparadas a este fin. El problema de los residuos es, para muchos, un motivo suficiente para rechazar la energía nuclear como una alternativa a los combustibles fósiles. Sin embargo, si se tienen en cuenta las ventajas de la energía nuclear que expondremos a continuación, tal vez la decisión más razonable sea apostar por la intensificación de los esfuerzos en investigación y gestión.

Pese al problema de los residuos, la energía nuclear, como decimos, tiene algunas ventajas sobre las energías renovables. Una es el precio. Las energías renovables son más caras que la energía nuclear: un kilowatio de una energía renovable cuesta unos 0,7 euros, mientras que uno obtenido a partir de la fisión del átomo sólo 0,1. Otra ventaja importante de la energía nuclear sobre las renovables es que la energía nuclear garantiza un suministro energético constante, puesto que no está sujeta a cambios en las condiciones climáticas, como ocurre con las energías renovables. Las centrales nucleares operan las 24 horas del día durante los 365 días del año. La garantía de suministro constante, además de asegurar la disponibilidad de electricidad en todo momento, hace que no se produzcan fluctuaciones imprevisibles en los costes. Por otra parte, la energía nuclear garantiza, además del suministro constante, la autonomía energética. Aunque el uranio tenga que ser importado, el hecho de que pueda ser reutilizado hace que la dependencia energética generada por la necesidad de importación sea relativamente baja, si la comparamos con la dependencia energética actual de los países importadores de combustibles fósiles. La autonomía energética también contribuye a que los precios sean estables a medio y largo plazo.

La dependencia energética actual de la Unión Europea es del 50% aproximadamente, lo que, obviamente, implica importantes riesgos económicos, ecológicos y sociales. En España, la situación de dependencia probablemente es superior. Desde hace unos años se ha establecido una vida útil para las centrales nucleares de 40 años, aunque es habitual, en muchos países, conceder prórrogas de hasta 20 años. Esto es perfectamente posible en condiciones de seguridad, como lo demuestran los precedentes en países como Estados Unidos. Con las prórrogas actuales se garantiza una vida útil para las centrales nucleares de 60 años, lo que permite una autonomía energética sostenida durante más tiempo.

La energía nuclear en España

En España, la mitad de la energía primaria proviene de los combustibles fósiles. Esto no sólo supone un problema de carácter medioambiental, sino también un problema de dependencia energética de países como Argelia, Rusia o Arabia Saudí, con poca estabilidad política, por no hablar de la inestabilidad de precios. Por otra parte, las emisiones de gases de efecto invernadero en España no dejan de aumentar. Esta circunstancia puede suponer fuertes sanciones por parte de la Unión Europea y un elevado coste por la compra de derechos de emisión, según lo estipulado en el Protocolo de Kyoto.

Es evidente que España debe cambiar su modelo energético y optar por energías alternativas a los combustibles fósiles. En este sentido, en los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo inversor en energías renovables. Sin embargo, la apuesta por las energías renovables parece ir de la mano de una actitud antinuclear favorable al desmantelamiento progresivo de las centrales, conforme van agotando su vida útil. De ser así, se trata de un plan de actuación un tanto imprudente, puesto que, como hemos dicho, la energía nuclear, pese al inconveniente de los residuos, tiene importantes ventajas sobre las energías renovables. En este sentido, quizás lo más razonable sería invertir en investigación y en gestión para mejorar los aspectos problemáticos que sigue presentando la energía nuclear, con el objetivo de poder articular un plan energético nacional en el que tengan cabida tanto las energías renovables como la propia energía nuclear.

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3 respuestas a EL DEBATE NUCLEAR. A VUELTAS CON EL CAMBIO CLIMÁTICO.

  1. Alejandro dijo:

    Estoy totalmente de acuerdo con usted. Sobre todo en lo referido en el último párrafo de la entrada donde dice que, aunque hay que apostar fuertemente por las energías renovables, no hay necesidad de desmantelar las centrales nucleares porque producen un beneficio mucho mayor.
    En cuanto a futuras soluciones, yo propondría invertir un elevado presupuesto en la investigación de la limpieza y gestión de los residuos nucleares, para poder así disfrutar de esta energía sin contaminar, o contaminando lo menos posible.

  2. Pingback: MÁS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO | EL PULIDOR DE CRISTALES

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