DE EROS A TÁNATOS. EL MITO DEL “AMOR ROMÁNTICO” Y SU RELACIÓN CON LA “VIOLENCIA DE GÉNERO”

El pasado 25 de Noviembre, la Dirección General de la Mujer del Gobierno de Cantabria ha llevado a cabo una campaña de información bajo el lema “Amar no es anular” con motivo del Día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres. Uno de los objetivos de esa campaña era el de poner en alerta a las jóvenes cántabras acerca del mito del amor romántico “como una de las estratagemas más eficaces para doblegar a las mujeres y consolidar relaciones asimétricas”, según explica la propia Directora General de la Mujer en un artículo publicado en el Diario Montañés. En dicho artículo se citan diversos estudios sociológicos y estadísticos para apoyar esa afirmación. Nosotros aquí vamos a tomar como punto de partida el estudio realizado por la Universidad de las Illes Balears y dirigido por Esperanza Bosch Fiol, titulado Del mito del amor romántico a la violencia contra las mujeres en la pareja (2007), en el cual se concluye con estas palabras:

Quienes asumen este modelo de amor romántico y los mitos que de él se derivan (cosa que ocurre particularmente entre las mujeres, como hemos ido viendo) tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia y de permitirla puesto que consideran que el amor (y la relación de pareja) es lo que da sentido a sus vidas y que romper la pareja, renunciar al amor es el fracaso absoluto de su vida (y no la promesa de una vida mejor); que como el amor todo lo puede han de ser capaces de allanar cualquier dificultad que surja en la relación y/o de cambiar a su pareja (incluso aunque sea un maltratador irredento) lo que las lleva a perseverar en esa relación violenta; que la violencia y el amor son compatibles (o, incluso que ciertos comportamientos violentos son una prueba de amor) lo que es empleado por víctimas y agresores para justificar los celos, el afán de posesión y/o los comportamientos de control ejercidos por su maltratador como una muestra de amor, llegando, incluso a sugerirse que el amor sin celos no es amor, y trasladando la responsabilidad del maltrato a la víctima por no ajustarse a dichos requerimientos. En definitiva, y como señalan estas mismas autoras: “un romanticismo desmedido puede convertirse en un serio peligro”

Asumiremos en esta entrada algunas de las tesis sostenidas por las autoras en su estudio, reinterpretaremos otras y nos alejaremos definitivamente de las que resulten incompatibles con nuestra perspectiva materialista. En primer lugar, hablaremos aquí, siguiendo a Gustavo Bueno, de terrorismo de pareja en lugar de violencia de género. De esta manera por un lado mantendremos una distancia prudencial con las tesis de algunos feminismos indefinidos, y por otro, al reubicarlo como un tipo particular de terrorismo, -aquel que se ejerce de individuo a individuo-, le dotaremos de un contenido del que carece si hablamos de violencia de género. Sobre este punto nos remitimos por tanto a las palabras de Gustavo Bueno en La vuelta a la caverna (Ediciones B, 2004)

El terrorismo de pareja ofrece todas las características esenciales del terrorismo procedimental. (1) Porque el terrorista deja siempre claras marcas de su autoría (2) porque su acción no es cerrada y puntual sino abierta y recurrente (3) porque la víctima no acierta siempre a saber por qué el acto violento se produce en ese momento y no en otro; (4) porque la victima que “transige” por miedo a un mal mayor, o por cualquier otro motivo, termina haciéndose cómplice de su torturador, si no termina sometiéndose a su voluntad

Amor se dice de muchas maneras

Aquí podríamos parafrasear a Aristóteles y decir que el Amor se dice de muchas maneras. Así hablaríamos de amor fraternal, de amistad, de amor paterno-filial, de amor de pareja, etc. Para entender las relaciones entre los diferentes tipos de amor y su relación con el todo tendremos que analizarlo bajo el prisma de la relación entre género y especie. Pero antes cabe preguntarse ¿es posible hablar de la Idea de Amor como conformando un género del cual la amistad, el amor paterno-filial, el amor de pareja, etc. fueran sus especies?

Dar una respuesta afirmativa a esta cuestión supone que cada tipo de amor comparte, por un lado, una serie de propiedades que lo definen precisamente como parte del todo y que lo relacionan con las otras clases de amor (propiedades subgenéricas) y, por otro, una serie de propiedades especificas que le diferencian del resto pero sin sobrepasar los límites del género (propiedades cogenéricas). Además existen otras propiedades relativas a la relación entre una especie determinada y el género correspondiente que serían las propiedades transgenéricas,  aquellas que siendo específicas de una clase desbordan el género de referencia obligando a enclasarlas en un género de otro orden. De esta manera, al abordar el amor romántico deberíamos resaltar cuales de sus propiedades son subgenéricas y cuales son cogenéricas. Por otro lado, también deberíamos indagar en busca de posibles propiedades transgenéricas que le hagan despegar y separarse de sus congéneres.

Para tratar estas cuestiones volvamos al estudio que tomamos como referencia. El psicólogo americano Robert J. Sternberg nos ofrece una visión triangular del amor siendo sus tres vértices la intimidad, la pasión y el compromiso. La intimidad o sentimiento de cercanía tendría relación con la “capacidad de compartir emociones, sentimientos e ideas”. La pasión, por su parte, tendría que ver con el deseo sexual, con la atracción física y emocional que “suele ser muy intensa al inicio de la relación (…) aunque luego tiende a decrecer a medida que la relación avanza”. Y, por último, el compromiso que sería la decisión y el esfuerzo conducente a que el amor y la relación perdure en el tiempo, persevere en el ser. Las posibles combinaciones de estos tres elementos darían cuenta de las diversas clases de amor (simpatía, enamoramiento, amor romántico, compañerismo, etc.) según predomine un elemento u otro, o no se dé alguno de ellos.

A partir de este trabajo se podrían delimitar tres fases dentro de las relaciones amorosas de pareja: el enamoramiento daría paso al cabo de unos meses al amor pasional y éste le pasaría el testigo en unos años al amor de compañero, el más perdurable de todos. En la teoría triangular de Sternberg, la intimidad y el compromiso serían propiedades subgenéricas del amor de pareja siendo la pasión sexual y la atracción física, sus componentes cogenéricos, no existiendo ningún elemento transgenérico.

Desde este punto de vista el amor de pareja no se diferenciaría de los otros tipos de amor más que en su fase genética en la cual intervendría con mayor fuerza la atracción física y sexual. Estructuralmente la pareja basará su amor en el compromiso, la honestidad, la lealtad, etc., que como hemos dicho, serían propiedades comunes al resto de las “maneras de decir” amor, sólo que estarían definidas a una escala diferente. Aceptaremos estas tesis aquí de manera provisional pues nos servirán para contraponerlas a la visión romántica del amor y puesto que parece que son aceptadas por las autoras del estudio.

El mito del amor romántico

El primer problema que nos encontramos al enfrentarnos con la visión romántica del amor de pareja es que ya no es abordable desde las relaciones entre género y especie. El hecho de introducir el romanticismo como condición necesaria para hablar de amor de pareja dinamita la idea de amor como género, lo hace saltar por los aires. El amor romántico pasaría a ser el primer analogado del amor, con respecto del cual se entenderían los otros tipos de amor, que no serían sino formas degeneradas de este amor primigenio. No hay nada equivalente al romanticismo en los otros tipos de amor. Si unos padres se comportaran con su hijo como se supone que el amante se debería comportar con la persona amada serían censurados como malos padres, etc. El amante romántico siempre tiene un componente de adulación, de exaltación desmedida de la otra persona que o bien supone un engaño intencionado en busca de un fin, o un autoengaño producto de una enajenación mental transitoria. Es falso por desmedido y no es, desde luego, un buen asiento sobre el que cimentar una relación de pareja. Sin embargo, es el eje sobre que se cimenta el mito del amor romántico. Ser romántico supone estar enamorado, y estar enamorado es condición necesaria para formar una pareja y permanecer en ella. Se toma por tanto la parte por el todo: amor y enamoramiento pasan a convertirse así en sinónimos.

El cine, la música, la literatura o la televisión han sido los canales de transmisión y amplificación de esta idea de amor romántico. Nos la muestran como una idea clara y distinta  sobre “la verdadera naturaleza del amor” cuando en realidad está compuesta por una multiplicidad de ideas de carácter irracional y absurdas. Estas ideas no se nos revelan con toda su crudeza sino que se nos muestran de manera sesgada y casi subliminal. Sacarlas a la luz es por tanto una tarea imprescindible si pretendemos desmitificar el amor romántico. Las autoras del estudio llegan a distinguir hasta diez ideas míticas sobre las que se asienta esta concepción del amor. Nosotros nos detendremos aquí a analizar alguna de ellas.

El mito de la media naranja. Esta mito hunde sus raíces en el del andrógino de la Grecia clásica. Más concretamente es en El banquete de Platón donde Aristófanes nos habla del amor como “un íntimo anhelo de restitución de una plenitud perdida”. Este mito supone que elegimos a la pareja para la que estábamos predestinados, la mitad que nos faltaba para llegar a la plenitud. Nos encontramos, por tanto, incompletos siempre y cuando no nos unamos con nuestra otra mitad. Es la relación de pareja la que dota de significado a cada parte.

El mito de la equivalencia. Éste es el mito generador de la idea de amor romántico. Supone la creencia de que amor y enamoramiento son equivalentes. Si tenemos en cuenta que la fase de enamoramiento tiene fecha de caducidad este mito nos conducirá inevitablemente a entender la dinámica de las relaciones de pareja de manera traumática. “Si una persona deja de estar apasionadamente enamorada es que ya no ama a su pareja y, por ello, lo mejor es abandonar la relación”.

El mito de los celos. Los celos serían un signo inequívoco de amor verdadero. Se es celoso porque se quiere a la otra persona. Así “dar celos” se ha convertido en una estrategia muy corriente para verificar el grado de amor que nos tiene la otra persona. Solo hay que echar un vistazo a los foros femeninos de Internet para ver hasta que punto está extendido este mito. Un ejemplo real: “Siento que mi novio no se interesa por la relación, siento que está muy seguro de mí, el dice que me ama pero no lo demuestra, que hago????, le hago tener celos??, me envío yo solita flores, chocolates, poemas o algo asi????creen q eso cambiara en algo?????”

El mito de la omnipotencia. Según el cual el amor todo lo puede. No hay obstáculo que el amor no pueda superar. Tiene el peligro de llevar a perdonar y justificar cualquier cosa por amor.

Si sumamos las consecuencias que se derivan de la aceptación de estos mitos se nos presenta un panorama verdaderamente desolador. No sólo por su falsedad sino porque en ocasiones puede resultar peligroso. Supone la idealización de un amor que tarde o temprano se dará de bruces con la realidad. Pero como a su vez estábamos predestinados a esa persona y el amor todo lo puede haremos lo imposible porque la relación perdure. Esta situación puede conducir a situaciones de alta tensión que algunas veces se canalizarán violentamente. Es así como volvemos al principio y ponemos en relación el mito del amor romántico con el terrorismo de pareja. Desde estas coordenadas es fácil de entender uno de los factores que pueden provocar la aparición de lo que se llama el síndrome de Estocolmo doméstico. “También debemos resaltar (entre los factores de vulnerabilidad a la violencia contra las mujeres en la pareja) el concepto de amor romántico, con su carga de altruismo, sacrificio, abnegación y entrega que todavía se les inculca a algunas mujeres. Esta forma de amar puede generar angustia y sometimiento total y absoluto a la pareja” según el informe que sobre el tema realizó en 1998 la Oficina del Defensor del Pueblo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en LOS MITOS DEL PRESENTE y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s